Carlos Mora Vanegas
No dejes para mañana lo que puedas postergar indefinidamente.
En este planeta todo es posible, todo puede negociarse, hasta el cuerpo físico de uno, convirtiéndolo en diamante artificial. Apelando a las nuevas tecnologías y a los sentimientos, los recuerdos lo que ello representa.
Nos comenta sobre este tema el Nuevo Diario de Nicaragua, que consideremos que vivimos un momento tecnológico muy avanzado y esta decisión (inmortalizar sus cenizas en diamantes) va acorde con los tiempos en que vivimos', que todo posible en los seres humanos, en sus invenciones y todo aquello que pueda negociarse.
Lo cierto, que la empresa suiza, ubicada en Chur, ofrece este servicio en 17 países y produce unos 60 diamantes de media al mes en Europa (sólo Japón fabrica 100). Nunca imaginaron una demanda tan grande y tan rápida. ‘Nuestra idea era centrarnos en el mercado suizo el primer año y expandirnos a Europa, pero hemos superado nuestra proyección internacional', explica Brimer, socio fundador de Algordanza.
No cabe la menor duda, que la industria del 'diamante humano' está en plena expansión, con empresas instaladas en España, Rusia, Ucrania y Estados Unidos.
Definitivamente este negocio lo ha desarrollado bastante Suiza, desde el
2004;la empresa suiza ha abierto oficinas en una veintena de países y emplea a un centenar de trabajadores en el mundo. En la pequeña ciudad oriental de Coire, Algordanza recibe cada mes entre 40 y 50 urnas funerarias procedentes de todo el mundo. Su contenido es pacientemente transformado en piedra preciosa.
La empresa suiza patentó en 2004 una fórmula con el apoyo del Technological Institute for Superhard and Novel Carbon Materials (Tisncm) para sintetizar en diamantes el carbono que se sustrae de las cenizas a través de un proceso de transformación (grafitización) que incluye su sometimiento a altas temperaturas y presiones.
Nos comenta mpreso.elnuevodiario.com.ni, que un cliente cuenta que ha decidido, en vida, convertir sus cenizas en dos pequeños diamantes para sus hijas. ‘Creo que mientras exista el recuerdo, la persona vive. Si además existe algo tangible y que se pueda ver, el recuerdo es más perdurable'. Este funcionario catalán, de 74 años, ya jubilado, ha suscrito un contrato con Algordanza para dejar bien atado y bien pagado su último deseo.
Si unimos el descubrimiento de la General Electric Company, a finales de 1954, de un sistema para fabricar diamantes sintéticos para uso industrial, tenemos como resultado el alumbramiento de Algordanza, recuerdo en lengua romanche. Veit Brimer y su socio Rinaldo Willy, ambos con menos de 40 años, vieron posible una fórmula para ofrecer un nuevo servicio funerario que a su vez no interfiriese en las tradiciones.
La mayoría de las urnas proceden de familias que quieren guardar un precioso recuerdo de un allegado. Pero también hay quien decide antes de morir ser incinerado y 'diamantizado', un servicio que ahora ofrecen también algunas compañías de seguros de vida.
Para hacerlo se requieren de aparatosas prensas, 1.300 a 2.000 grados centígrados y 70.000 atmósferas de presión
Ante esta realidad, comenta eluniverso.com ¿Por qué pasar la eternidad bajo tierra, evaporados en humo o congelados?. Lo cierto, que cada vez más mortales se deciden por un formato más lujoso, convertirse en diamante, gracias a unos cuantos miles de euros y a una delicada transformación química practicada sobre todo en Suiza.
"Hay todo tipo de personas, desde el conductor de camiones al profesor de filosofía", explica Rinaldo Willy, uno de los cofundadores de la empresa, en un laboratorio donde una quincena de máquinas funcionan sin interrupción.
Una empleada, con los ojos protegidos por unas gafas anchas de plástico, trabaja detrás de una línea amarilla y negra que el visitante no tiene derecho a franquear, por respeto a los muertos.
"500 gramos de cenizas bastan para hacer un diamante, mientras que el cuerpo humano deja una media de 2,5 a 3 kilos", afirma el joven Willy, de 28 años.
Los restos humanos se someten por etapas a varias metamorfosis. Primero, pasan a ser carbono, después grafiti. Expuestos a temperaturas de 1.700 grados, se convierten finalmente en diamantes artificiales en un plazo de cuatro a seis semanas. En la naturaleza, el mismo proceso lleva milenios.
Se nos recuerda además, que el proceso al que se someten las cenizas tiene varias fases. La filial recoge parte del contenido de la urna (entre 300 y 500 gramos) y lo envía al laboratorio de Suiza. Allí lo someten a un análisis químico para determinar el porcentaje de carbono y comprobar lo que se puede obtener de él.
"Cada diamante es único. El color varía desde el azul oscuro hasta casi el blanco", señala Willy. "Es un reflejo de la personalidad", considera.
Una vez obtenido, el diamante en bruto es pulido y tallado según la forma deseada por los familiares del difunto, que con frecuencia escogen un corazón para llevar como colgante o magnificar una alianza.
El precio de esta alma translúcida oscila entre 2.800 y 10.600 euros, según el peso de la piedra (de 0,25 a un quilate). Un monto que no incluye el montaje, pero que Algordanza juzga razonable.
"Un entierro cuesta muy caro: son 12.000 euros en Alemania", defiende su cofundador, que guarda celosamente en secreto el volumen de negocios de su empresa.
Willy reconoce, que es imposible probar que un diamante proceda de una persona en particular. "El ADN se quema", argumenta. Pero "la huella química" de las cenizas, determinada a la llegada de la urna al laboratorio, permite establecer una documentación y encontrar luego el origen del producto final.
En definitiva, nos comenta el catedrático de Física y presidente del European High Pressure Research Group, Fernando Rodríguez, que se necesitan prensas aparatosas para someter al carbono a un proceso de grafitización. ‘Si sometes el carbono en su fase de grafito a entre 1.300 y 2.000 grados centígrados de temperatura y a 70.000 atmósferas de presión creas las condiciones idóneas para la transformación del diamante', explica Rodríguez.
El Instituto Gemológico Español, sin embargo, manifiesta reservas. Juan Cózar, Director del Laboratorio de Certificaciones, cree que ‘este caso de los diamantes de origen humano añade un factor espiritual, sentimental y de moda que sí podría influir de algún modo en el comercio de las gemas'. ¿Y la revalorización de estos diamantes humanos? Según Cózar, no ocurrirá. Otra cosa será que dentro de 20 años el diamante con las cenizas de Michael Jackson, por ejemplo, se subaste y alcance cifras astronómicas. Pero esto, de momento, sí es ciencia-ficción.


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